viernes, junio 16, 2006

Villaraigosa honra a Carlos Fuentes SONRIE VAMOS A GANAR

Sergio Muñoz Bata

Villaraigosa honra a Carlos Fuentes
En un acto de afirmación política que rebasa el simbolismo, el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa, le entregó las llaves de la ciudad al escritor mexicano Carlos Fuentes. Darle las llaves de la ciudad a un mexicano en este momento es una inequívoca declaración política del alcalde Antonio Villaraigosa


"En nombre de todos los hombres y mujeres que fueron oficialmente excluidos de nuestras fronteras, de nuestras ciudades, de nuestras universidades, de nuestras salas de conferencias, nuestras galerías, nuestras bibliotecas y librerías, nuestros cafés, nuestras reuniones políticas y nuestras marchas de protesta, me complace conferirle el máximo honor que otorga la ciudad de Los Ángeles", le dijo Villaraigosa durante la ceremonia, realizada en la residencia oficial del alcalde a principios del mes.

La ley McCarran-Walter de 1952, explicó Villaraigosa, contenía una provisión que permitía negarles la visa de entrada a Estados Unidos a intelectuales y artistas extranjeros por razones ideológicas que privó al país de la presencia de Fuentes, Gabriel García Márquez, Dario Fo, Pablo Neruda, Michel Foucault, Julio Cortázar, Graham Greene, Pierre Trudeau antes de que fuera electo Primer Ministro de Canadá, y muchos otros más.

Eran épocas en las que el país vivía en el miedo, dijo Villaraigosa para exaltar las virtudes del homenajeado y especular sobre las posibles razones o sin razones del miedo que sentía el congreso estadounidense frente a escritores e intelectuales que recorrían el mundo armados con su arsenal de palabras.

"¿Sería por su apasionada creencia en el humanismo?", preguntó retóricamente el alcalde... "¿Habrá sido por su eterno desafío a que nos comprometamos con el mundo y abandonemos lo que él llama 'la barbarie de la llamada guerra preventiva,'"?

O "será porque siempre nos han desafiado (a los estadounidenses) a que vivamos a la altura de nuestros ideales democráticos, adoptando políticas migratorias que son fieles a nuestra promesa de pluralismo y a que resistamos el miedo que nos convertiría en una sociedad de hacedores de listas".

Más allá de los merecimientos de Fuentes, darle las llaves de la ciudad a un mexicano en el momento en el que el Congreso busca conciliar dos proyectos de ley migratoria que a primera vista parecen irreconciliables (abierto y generoso en el Senado; cerrado y temeroso en la Cámara Baja) es una inequívoca declaración política de Villaraigosa que evidencia el forcejeo entre las autoridades federales y las locales en cuestiones de inmigración.

Si bien la inmigración es un asunto que compete a las autoridades federales, en tanto que ellas son las encargadas de vigilar las fronteras y de otorgar residencia y ciudadanía a los inmigrantes, lo que ha venido sucediendo desde hace ya más de 3 décadas es que las fallas del sistema migratorio han obligado a las ciudades a lidiar con las consecuencias de la inmigración y de maneras que frecuentemente son contradictorias.

Por un lado hay ciudades que se han declarado santuarios de inmigrantes; hay otras donde los cuerpos policiales han promulgado ordenanzas que les permiten evitar convertirse en agentes de inmigración; hay estados que han promulgado leyes para permitir que jóvenes que fueron traídos ilegalmente a este país, pero estudiaron aquí la secundaria, tengan acceso a las universidades públicas pagando colegiaturas reducidas.

También hay ciudades que pugnan por derogar leyes que permitan a los inmigrantes indocumentados obtener licencias de conducir o rentar una vivienda y quieren perseguir legalmente a quienes les den trabajo.

Dentro de este contexto, Fuentes agradeció el honor y prometió ser juicioso al utilizar las llaves de esta "ciudad junto al mar adonde arriba gente de todo el mundo para reconocerse y compartir sus valores".

En su discurso, el escritor elaboró un argumento resaltando la necesidad que tiene esta economía de la mano de obra barata de los inmigrantes y admitiendo que tanto los países que reciben inmigrantes como los que los expulsan deben "legalizar la realidad".

"Tenemos los recursos, tenemos la gente, nos sostiene una cultura que data de hace 3,000 años", dijo Fuentes refiriéndose a México y a los mexicanos.

"Lo que necesitamos es una nueva Política de Buena Vecindad que se comprometa a la tarea de construir México de abajo para arriba. La inversión, desde arriba es tan necesaria como deseada... pero es la acción desde abajo, la creación de trabajos y de mejores condiciones de vida de abajo para arriba lo que debe re-fundar a la República Mexicana".

Después de felicitar al alcalde por su esfuerzo en pro de la "educación que es la base del conocimiento, de la información y del desarrollo", remató haciendo votos porque "los ángeles de esta ciudad continúen dándole alas".

sergio.munoz@latimes.com

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